Andaban buscándose, pero sin encontrarse. Caminaban perdidos, sin rumbo, buscando un destino del que aún no conocían el sendero. Dos almas destinadas a encontrarse, transitando un camino en el cual era imperioso perderse para poder coincidir.
Los niños que corrían en el patio, los juegos de escondidas, las risas estrepitosas inundando la casa se transformaron con el paso del tiempo. Segundos, minutos y horas. Días, meses y años. Ese tiempo tirano que marcaba el inicio de nuevas etapas, pero también profundizaba el abismo que los separaba.
Esos niños que antaño reían a carcajadas y corrían sin cesar con las rodillas raspadas, se transformaron, cual mariposa que sale de su capullo, en adolescentes llenos de vida, de sueños, de anhelos y deseos de transitar, conocer y experimentar el mundo. Y, a pesar de que el destino estaba pactado de antemano, porque así las almas lo habían decidido, tal coincidencia parecía una utopía en ese entonces… Y el reloj continuó avanzando. Jamás detuvo su marcha para dar una tregua a estas dos almas que, sin saberlo, llevaban tiempo buscándose en cada mirada cruzada en las calles, en el transporte, en la escuela, en cada lugar que dejaban sus huellas…
Alegrías, amores, tristezas, desamores, nuevos proyectos, inicios tempestuosos, finales abruptos…y el tiempo tampoco detenía su marcha… cada día quedaba atrás para dar paso a uno nuevo. El reloj seguía marcando las horas que transcurrían. Hasta que esos adolescentes, que lloraban por un desamor, por amigos que habían dejado en el camino, crecieron. Y tomaron decisiones, y emprendieron nuevos rumbos, y se hicieron “grandes” …pero siempre guardaron, en lo más profundo de sus corazones aquel susurro de su alma que les decía “aguarda, pronto llegará”, sin entender por completo el sentido de aquellas palabras.
Transcurría la vida. Sin sobresaltos. Resonando aún esas palabras. Inicios y finales. Nuevas experiencias. Proyectos concretados. Lecciones aprendidas. Y aún así, el abismo entre aquellas dos almas se magnificaba cada día. Si alguien los hubiera observado en aquellas épocas, jamás hubiera pensado que coincidir en un tiempo y lugar sería posible para ellos. Pero la historia había sido escrita, las misiones elegidas y los encuentros de antemano pactados.
Aunque el dolor fue el gran maestro y la oscuridad hizo su aparición, este golpe tan abrupto se lanzó sobre aquel abismo, acortando las distancias. Así como llevaba años creciendo diariamente aquel abismo, con el transcurrir de los días, se hacía más y más pequeño…
Y cuando la oscuridad ya era tan espesa que podían atravesarla con sus manos... cuando el corazón ya no reconocía el camino y había perdido toda esperanza de encontrar lo que desde siempre anhelaba, cuando cada día pesaba aún más que el anterior, y las fuerzas parecían poco a poco abandonar sus cuerpos, dejándolos sucumbir a tal frialdad y desamparo… allí una luz se encendió para ambos. Una majestuosa luz que, con el transcurrir de los días fue tornándose más vívida, nítida y cálida. Una llama que se encendió y desde entonces, no volvería a extinguirse.
Miradas cruzadas que esbozaban sonrisas. Palabras compartidas. Risas. El tiempo seguía transcurriendo, pero parecía enlentecer las agujas del reloj. Bastaba tan sólo ver sus ojos al encontrarse, fundiéndose en una mirada que parecían un abrazo entre aquellas dos almas para saber que se habían reconocido. Y aquel susurro se transformó en un “por fin has llegado”…
Mas la oscuridad no se ha ido. Y el destino depara para ellos una majestuosa lección de amor incondicional, entrega y superación. Una forma de reinventarse a cada instante. De extrañarse por horas, días y meses; para sucumbir en un cálido y breve abrazo. Lo efímero. La batalla es diaria. Y en varios frentes… mas el encuentro ya estaba pactado de antemano y, aunque lo habían olvidado, todas las lecciones que atravesaron en las horas transcurridas hasta entonces los estaban preparando para esta batalla final. En la que apostarán por el futuro de su amor. En la que pondrán todas sus fuerzas y lágrimas, para defenderse y mantener vívida aquella luz, que un día fue un pequeño destello en medio de tanta oscuridad; pero que hoy es imponente, cálida y los abraza a cada instante…dándoles fuerzas para seguir y emprender el final de este camino…siempre juntos, tomados de la mano ante las adversidades. Luchando por defender la felicidad que este amor a sus vidas ha traído.
Y aunque se trate de una batalla final, no es el fin de ninguna historia; sino el comienzo de una nueva… una historia que perdurará al paso del tiempo, que trascenderá las fronteras del cuerpo físico para tocar las almas y hacerlas recordar que ya lo habían diagramado de esa manera… aunque parecían perdidos, aturdidos y abandonados en aquellas horas tan oscuras… era imperioso perderse para poder encontrarse.
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