lunes, 25 de noviembre de 2019

FEMINACIDA

Soy mujer. Soy docente. Soy feminista. Soy una soñadora constante, incorregible y a veces, un poco delirante…soy una persona sensible a la realidad del Otre. Y digo Otre, sí, con mayúsculas, porque es un Otre con identidad, deseos, ideas, anhelos y metas, que merecen ser reconocidos como tales. Por eso es Otre, con mayúsculas, bien grandes y visibles, para todes les que se atrevan a leerlo. Para que, en voz alta, suene más fuerte.
A diario, transito por varios escenarios, me encuentro con realidades distintas a la mía. Infancias y adolescencias que habitan este mundo tan hermoso y complejo a la vez. Tan colmado de instancias de revolución y de amor, así como también de tristezas y sinsabores…
Y hay algo en mí que me impide divorciar la mente del corazón. En mis clases hay pasión y conocimiento. Pero, sobre todo, hay persones, sentades en sus sillas, intentando ser parte de esa construcción colectiva del conocimiento que tanto anhelamos los docentes. Y detrás de cada une, hay vida, historias, eventos que trascienden las paredes del aula, pero que llegan a ella en busca de ayuda, de comprensión y quizás hasta un consejo.
Además de mujer y de docente, también soy FEMINISTA. Así, con mayúsculas de nuevo, para que suene fuerte, para que resuene dentro de la boca y haga eco en el aire. ¿Tal vez un feminazi viene a tu cabeza? Bueno, no discutiré al respecto, porque la historia habla por sí sola, no hace falta más que lectura.
No podría precisar con exactitud en qué momento de mi existencia el feminismo se fue colando en mi vida, hasta formar parte ella. Pero sí sé que es la bandera que llevo conmigo a todos lados. Tanto así que, en numerosas ocasiones, mis estudiantes me han dicho “profe, usted es feminista ¿verdad?”. Y con orgullo, he respondido que sí.
La revolución feminista ha llegado a todos los ámbitos de la vida, no sólo en las marchas que muchos ven en la tele. Desde la Ciencia, el empoderamiento de las mujeres puede visualizarse creciendo enormemente, construyendo nuevos cimientos de reconocimiento a aquellas mujeres cuyos aportes, robados, menospreciados y hasta borrados de la historia, han construido la Ciencia tal como la conocemos hoy. Esa es una de las razones por las que soy feminista. Las mujeres hemos llevado adelante grandes revoluciones, en la sociedad, en la Ciencia, en la política.
Y además de docente, como dato no menor, mi disciplina es la Biología. Tan aclamada y tan culpada al mismo tiempo. Y porque soy Feminista me encanta la Biología, no sólo por las maravillosas mujeres que nos deleitaron la vista con sus descubrimientos, como Rosalind Frankiln y su maravillosa foto número 51 (estructura del ADN). Me encanta llevar la bandera de la ESI, aunque claramente no es propia de la disciplina. Y me encanta llevar esta bandera, no sólo por una ley que nos ampara para enseñarla, sino porque en esta sociedad tan hipócrita y negadora del Otre, tanto que le sigue diciendo alumno (que significa sin luz y responde al modelo de enseñanza tradicional), aún me encuentro con docentes que pregonan la visión simplista de la ESI, creyendo (a veces con el tono de voz un poco elevado) que se limita meramente a la genitalidad y a las relaciones sexuales. Una visión por supuesto más que sesgada y acotada, pero no ingenua.
Cuando hay que enseñar ESI, que debería ser siempre, pero parece limitarse a la semana de la ESI, todes se acuerdan de los de Biología. ¿Por qué? Claro, porque eso es cosa nuestra. Y otra vez, hay que sacar a relucir las palabras y cuando no, poner la ley sobre la mesa y ni así, se nos corre del centro de la escena o de los dedos acusadores de que “para eso estudiamos” … Aún así, me hace inmensamente feliz compartir con Otres, mis estudiantes, esa construcción colectiva que es la ESI y que abarca no mucho, sino muchísimo más que la genitalidad y el sexo. Tantos aspectos que no basta con que uno o dos docentes, o un pequeño grupo los trabaje desde sus espacios curriculares.
Sin embargo, puedo asegurar que ese Otre, al que muchos menosprecian o subestiman, nos puede dar cátedra a muchos adultos de lucha, de revolución y de Feminismo. Por eso, al margen de los sinsabores y descontentos con los que nos pone a prueba esta hermosa vocación que es la docencia,  puedo aseverar que en las aulas está la revolución. En todes y cada une de les estudiantes. Esa nueva generación que nos recuerda la pasión y la lucha por las ideas, la concreción de proyectos, la necesidad de sentirnos libres… Por eso y mucho más, soy Feminista.

Allí voy, con mi pañuelo verde…cruzando miradas con compañeres y
estudiantes. Orgullosa de ser mujer, de ser docente y de ser Feminista. Más
aún, orgullosa de esta generación de revolucionaries.

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