miércoles, 11 de diciembre de 2019

Engranajes del sistema (11/12/19)

Ajenos al mundo. Ajenos a lo que sucede. Pregonando la bandera de la inclusión, la de la calidad educativa; escribiendo sobre la educación y los contextos adversos.
En un discurso de doble moral, que por un lado, se rasga las vestiduras ante la importancia de la educación de les ciudadanes; pero que, en otras situaciones ignora por completo el tenor de las tensiones que acontecen en el escenario educativo. Entonces me pregunto, ¿dónde queda ese bonito discurso que aman repetir a viva voz? ¿Dónde quedó la lucha de encaminarse en esa ardua tarea que es ingresar a los contextos de privación de la libertad a dar pie y protagonismo a ese “proceso de enseñanza y aprendizaje” que con tanto énfasis se defiende? ¿Dónde quedó la vocación? Pero sobre todo, ¿en qué recóndito rincón han guardado la empatía y la coherencia?
En medio del caos, el hambre, los reiterados pedidos, la huelga, las denuncias, los medios de comunicación llevando una ínfima porción sesgada de lo que ocurre...en medio de este panorama, las formalidades imperan. Y las decisiones están en manos de quienes, sentados detrás de un escritorio hacen y deshacen a gusto, sin tomar consciencia ni coherencia de lo que acontece aquí afuera. 
En plena batalla, lucha por la dignidad y el reconocimiento de los derechos humanos, parece que el acatar órdenes vacías de sentido y del compromiso que se asume al ingresar allí, está a la orden del día...Pero en los discursos nos fascina hablar de “reinserción”. ¿De qué? ¿De quién? 
La hipocresía absurda, carente de toda vergüenza es la que hoy nos convoca a reflexionar. ¿Qué hacer cuando la realidad golpea, como una cachetada limpia? Es ahí cuando se alzan las voces, comienzan las discusiones...aparecen los “bandos”, los cobardes disfrazados de moralismo y ética. Es allí cuando la tarea que cada uno asumió cobra sentido. Cuando entendemos que nuestro rol va más allá de enseñar. Cuando entendemos que somos parte del motor de cambio y que, tristemente, nos encontramos siendo engranajes de una rueda que gira y gira, dotando de vida a un monstruo enorme que avasalla los derechos, la dignidad y la vida misma…
Tantas preguntas me invaden, tantos sentimientos encontrados. Bronca, resignación, frustración...no alcanzarían las letras para escribirlo. Es entonces cuando tomo el compromiso de salir del rol de observadora para entrar en acción. Cuando decido dejar de ser ese pequeño engranaje que da vida al monstruo...Es entonces que descubro que aún no es tarde para seguir luchando…



(Sobre las huelgas de hambre que están teniendo lugar en las Unidades Penitenciarias Bonaerenses - Diciembre de 2019)

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