lunes, 6 de enero de 2020

Y los nombres se amontonan, igual que las lágrimas en los ojos


Hoy son Valentina y Mabel. Ayer fue Valeria. Antes fueron Magalí y Mara.

Y la lista sigue…

Y los nombres se amontonan, igual que las lágrimas en los ojos.

Y los rostros cambian, como caretas que se usan y deshacen en la basura.

Y la memoria colectiva ya no recuerda lo que algunos quieren que se olvide…

Y la complicidad se manifiesta en cada palabra y más aún, en cada silencio. Un silencio que ensordece, que golpea…Un silencio empapado de complicidad, de tanto machismo que asusta.

La burocracia los ampara, como “golpe de suerte”.

Las caretas del poder mueven sus hilos, como si de marionetas se tratase. Ignoran nombres, rostros, historias…ignoran familias enteras, dolor y ausencias inexplicables.

Aquellas caretas que se alimentan del poder, poseedores de una “verdad” que se quiere imponer a costa de las vidas y de los dolores.

Es una maquinaria que sólo victimiza aún más, señala, juzga. Que es cómplice de la objetivación…

Una vez más, la sociedad marcha y grita, a viva voz, lo que tantos se empeñan a diario en callar.

Una ciudad nuevamente en luto, movilizándose una vez más por la sangre derramada. Esa misma que los poderosos se empeñan tanto en limpiar y colar bajo la alfombra.

Hoy los nombre son otros. Igual que los rostros…pero las historias tienen algo en común: el desenlace, la muerte. Y la historia que trasciende las vidas es la misma: el dolor  de la ausencia y la impotencia de la injusticia.


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