Y los nombres se amontonan, igual que las lágrimas en los ojos
Hoy son Valentina y Mabel. Ayer fue Valeria. Antes fueron
Magalí y Mara.
Y la lista sigue…
Y los nombres se amontonan, igual que las lágrimas en los
ojos.
Y los rostros cambian, como caretas que se usan y deshacen en
la basura.
Y la memoria colectiva ya no recuerda lo que algunos quieren
que se olvide…
Y la complicidad se manifiesta en cada palabra y más aún, en
cada silencio. Un silencio que ensordece, que golpea…Un silencio empapado de complicidad,
de tanto machismo que asusta.
La burocracia los ampara, como “golpe de suerte”.
Las caretas del poder mueven sus hilos, como si de marionetas
se tratase. Ignoran nombres, rostros, historias…ignoran familias enteras, dolor
y ausencias inexplicables.
Aquellas caretas que se alimentan del poder, poseedores de
una “verdad” que se quiere imponer a costa de las vidas y de los dolores.
Es una maquinaria que sólo victimiza aún más, señala, juzga. Que
es cómplice de la objetivación…
Una vez más, la sociedad marcha y grita, a viva voz, lo que
tantos se empeñan a diario en callar.
Una ciudad nuevamente en luto, movilizándose una vez más por la
sangre derramada. Esa misma que los poderosos se empeñan tanto en limpiar y
colar bajo la alfombra.
Hoy los nombre son otros. Igual que los rostros…pero las
historias tienen algo en común: el desenlace, la muerte. Y la historia que
trasciende las vidas es la misma: el dolor
de la ausencia y la impotencia de la injusticia.
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